Hay campañas difíciles.
Y luego están las campañas que se tuercen por varios sitios a la vez.
La del aceite 2025-2026 está siendo una de esas.
Durante meses se habló de clima, de floraciones irregulares y de producciones más cortas. Pero en muchas zonas de España el problema ha terminado siendo otro: el tiempo durante la propia recolección.
Las borrascas que hemos tenido este invierno han dejado muy pocos días de ventana real para coger aceituna.
Y eso, en el olivar, cambia completamente una campaña.
Cuando no se puede entrar al olivar
Quien no trabaja el campo a veces no lo entiende.
La gente piensa que si el árbol tiene aceituna, simplemente se recoge.
Pero la realidad es otra.
Cuando encadenamos semanas de lluvia ocurre algo muy sencillo:
no se puede trabajar el suelo.
- las parcelas están embarradas
- no se puede entrar con maquinaria
- los vareadores trabajan peor
- la aceituna empieza a deteriorarse
Y cuando pasan demasiados días… empieza el verdadero problema.
Mucha aceituna ya no sirve para virgen extra
En muchas explotaciones está pasando algo que preocupa bastante.
La aceituna que se está recogiendo después de semanas de lluvia ya no llega a almazara en buen estado.
El resultado:
- menos aceite virgen extra
- menos aceite virgen
- más aceite lampante
Es decir, aceite que necesita ser refinado porque la calidad ya no alcanza los parámetros exigidos.
Esto no tiene que ver con cómo se ha cuidado el olivo durante el año.
Tiene que ver con algo mucho más simple:
la aceituna ha estado demasiado tiempo en el árbol o en el suelo en malas condiciones.
Aceitunas clavadas en el suelo
Otro problema que muchos agricultores están viendo este año es la cantidad de aceituna perdida.
Cuando el terreno se satura de agua y pasan varios temporales seguidos, ocurre algo que todos conocemos:
- aceitunas que se desprenden
- aceitunas que quedan clavadas en el suelo
- aceitunas extremadamente dañadas
En muchas parcelas directamente no compensa recogerlas.
Eso significa menos kilos…pero también peor calidad.
Y mientras tanto, el mercado empieza a moverse
Lo curioso de esta campaña es que todo esto está ocurriendo mientras los precios empiezan a mostrar cierta debilidad.
Los datos de Poolred ya reflejan un movimiento que empieza a generar inquietud en el sector.
En la última semana registrada, los precios medios han bajado ligeramente.
La referencia aproximada se mueve en torno a:
- Virgen extra: 4,19 €/kg
- Virgen: 3,44 €/kg
- Lampante: 3,11 €/kg
Y lo más llamativo es que, mientras los precios bajan, el volumen de ventas está aumentando.
Esto suele indicar que el mercado está empezando a moverse más rápido de lo que algunos esperaban.
El miedo silencioso del sector
En el campo hay algo que se percibe antes que en los titulares.
El ambiente.
Y ahora mismo empieza a notarse cierta preocupación.
No tanto por la producción —que ya se sabía que sería irregular— sino por la combinación de factores:
- menos días reales de recolección
- pérdida de calidad en parte de la aceituna
- caída de producción en muchas parcelas
- y señales de debilidad en el precio
Es una mezcla incómoda.
El olivar siempre ha vivido con incertidumbre
El agricultor de olivar está acostumbrado a esto.
Sequías.
Años de mucha producción.
Años de vecería.
Mercados que suben y bajan.
Pero cada campaña recuerda algo importante: la agricultura sigue siendo una actividad profundamente expuesta al clima.
Por mucha tecnología que tengamos.
Por mucha mecanización que exista.
El campo sigue teniendo la última palabra.
Lo que sí está cambiando
Si algo está cambiando en los últimos años es la forma de trabajar el olivar.
Cada vez más agricultores buscan:
- terminar antes la recolección
- depender menos de ventanas climáticas
- reducir esfuerzo y horas de trabajo
- mecanizar mejor el manejo del olivo
No porque sea más cómodo.
Sino porque campañas como esta demuestran que los días buenos hay que aprovecharlos al máximo.
El factor internacional que también pesa: Estados Unidos
Hay otro elemento que empieza a aparecer en las conversaciones del sector.
Y no tiene nada que ver con el olivo.
Tiene que ver con la política internacional.
En los últimos días, las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre un posible bloqueo comercial a España han vuelto a poner nervioso al mercado.
Estados Unidos es uno de los destinos más importantes para el aceite español.
Cada año consume cientos de miles de toneladas de aceite de oliva, y una parte muy importante sale de los olivares españoles.
Para muchas cooperativas y empresas exportadoras, el mercado estadounidense es clave.
Si ese mercado se complica, aunque sea solo por aranceles o tensiones comerciales, el impacto puede sentirse rápidamente en el precio.
No porque falte aceite.
Sino porque se mueve el equilibrio del mercado mundial.
El aceite también depende de la geopolítica
A veces en el campo pensamos que el precio del aceite depende solo de:
- la cosecha
- la climatología
- o la producción mundial
Pero la realidad es que cada vez depende más de factores globales.
Un conflicto en Oriente Medio.
Una guerra comercial.
Un cambio de aranceles.
Todo eso puede alterar el comercio internacional de aceite en cuestión de semanas.
Y cuando los mercados se ponen nerviosos, los precios reaccionan.
Una campaña con demasiadas incógnitas
Si juntamos todo lo que está pasando, la campaña 2025-2026 tiene muchos elementos de incertidumbre:
- producción irregular
- lluvias que han complicado la recolección
- pérdida de calidad en parte de la aceituna
- más aceite lampante del habitual
- señales de debilidad en el precio
- y ahora también tensión comercial internacional
Demasiadas variables para una sola campaña.
Pero el agricultor sigue haciendo lo de siempre
A pesar de todo, el agricultor sigue haciendo lo que ha hecho siempre.
Entrar al olivar cuando el suelo lo permite.
Coger la aceituna que se puede salvar.
Y esperar que el mercado haga su trabajo.
Porque al final, por encima de los mercados y la política, hay una verdad que sigue siendo la misma:
El aceite empieza en el árbol.
Y ahí es donde realmente se juega cada campaña.
El campo siempre acaba adaptándose
El olivo lleva miles de años aquí.
Ha sobrevivido a sequías, guerras, heladas y cambios de mercado.
Y los agricultores también.
Cada campaña trae sus problemas.
Pero también trae aprendizaje.
Y el campo, como siempre, termina encontrando la manera de seguir adelante.