Es la pregunta del millón. Tienes la tierra esperando, sabes que necesitas una máquina en condiciones y tienes el presupuesto. Pero llegas al momento de elegir el motor y te asalta la duda: ¿Me compensa pagar la diferencia por una diésel? ¿O con la de gasolina voy que chuto y me ahorro un dinero y unos kilos de peso en los brazos?
En el campo se escuchan muchas cosas. Que si el diésel es solo para profesionales, que si la gasolina se ahoga a la mínima que pilla tierra dura, que si las diésel te dejan la espalda molida…
Vamos a dejarnos de tópicos de bar. No hay un motor que sea absoluta y mágicamente mejor que el otro. Lo que hay es un motor para cada tipo de tierra y para cada agricultor.
Aquí te explicamos cómo acertar para que no te arrepientas a las dos horas de meter la máquina en la finca.
La eterna duda en el campo: hablemos de fuerza y peso
Para entender qué necesitas, tienes que mirar al suelo, no al catálogo. La diferencia principal entre un motor diésel y uno de gasolina no es solo lo que le echas al depósito. Es cómo entregan la fuerza a las fresas y cuánto pesan.
El diésel es fuerza bruta a bajas revoluciones (lo que los mecánicos llaman “par motor”). La gasolina es agilidad y nervio. Sabiendo esto, vamos a ver qué te pide tu finca.
Cuándo meter una motoazada diésel en tu finca
El diésel es el tractor de las motoazadas. Está pensado para no quejarse, por muy mal que se ponga la cosa. Deberías ir a por una diésel si te identificas con esto:
Tierra dura, piedras y el valor del “par motor”
Si tu finca tiene un suelo muy arcilloso, muy compacto o que se pone como el cemento cuando lleva meses sin llover, necesitas que la máquina no se venga abajo cuando las fresas clavan. Ahí es donde el diésel manda. Al tener más par motor, el motor no necesita ir revolucionado al máximo para tener fuerza de arrastre. Simplemente avanza y rompe. Además, el propio peso extra del bloque del motor diésel ayuda a que la máquina se clave en la tierra sin que tú tengas que estar empujando el manillar hacia abajo con todo tu cuerpo.
Consumo y jornadas de sol a sol
Si cuando vas al olivar o al almendro arrancas la máquina a las 8 de la mañana y no la paras hasta la hora de comer, el diésel es tu amigo. Los motores diésel aguantan mejor las jornadas maratonianas sin calentarse en exceso y, a la larga, el consumo de combustible es menor en jornadas intensivas.
Nota: Si este es tu caso, échale un ojo a máquinas pensadas para esto, como nuestraSerie PRO. Máquinas pesadas, con motores Lombardini, Kohler o Loncin, hechas para tragar tierra de sol a sol.
Cuándo la gasolina es la jugada más inteligente
Si crees que por comprar gasolina estás comprando una máquina “de aficionado”, te equivocas. Hay profesionales que prefieren gasolina por motivos muy lógicos:
Maniobrabilidad y menos peso en los brazos
Una motoazada diésel pesa. Y si tienes que estar dando pasadas por un huerto estrecho, esquivando gomas de goteo, marcos de plantación muy cerrados o trabajando dentro de un invernadero, estar tirando de 120 kilos en cada giro te va a destrozar los riñones. Los motores de gasolina pesan bastante menos, lo que hace que la máquina sea mucho más ágil y obediente en distancias cortas.
Arranque suave y menos vibración
El motor de gasolina es más fino. Vibra menos en las manos (algo que notas mucho cuando llevas un par de horas agarrado al manillar) y el arranque de tirón es mucho menos exigente físicamente. Si tienes tierra suelta, un huerto que ya trabajas regularmente o un terreno arenoso, un buen motor de gasolina (como los Honda GX que montamos en la Serie M) tiene fuerza de sobra para dejarte la tierra como ceniza sin dejarte los brazos por el camino.
El mito del arranque: ¿cuesta arrancar una diésel en invierno?
Seguro que te han contado (o has sufrido) la experiencia de intentar arrancar un motor diésel tirando de la cuerda una mañana de enero a dos grados bajo cero. Sí, la compresión de un motor diésel hace que el tirón sea duro, y en frío, a veces se resiste.
Es una realidad mecánica. Por eso, si te decides por el diésel y sabes que vas a trabajar en invierno, la solución no es resignarse a sudar antes de empezar a trabajar. La solución es buscar una máquina con arranque eléctrico. En Brumi, modelos pesados como la PRO 8D o la 11D llevan arranque por llave precisamente por esto. Giras, arranca y a trabajar.
Casos prácticos: Dime qué tierra tienes y te diré qué motor llevar
Para resumir, vamos a lo práctico:
Tienes 3 hectáreas de olivar de secano, la tierra está dura y vas a trabajar semanas enteras: Ve a por el diésel. Amortizarás la máquina por durabilidad y capacidad de rotura.
Tienes una huerta grande, frutales con marcos estrechos o un invernadero: Ve a por la gasolina. Tu espalda agradecerá la agilidad en las cabeceras y los giros.
Tienes una finca mediana, vas fines de semana alternos y el terreno no es una roca: Con una buena gasolina (ojo, motor profesional, nada de juguetes de grandes superficies) vas a ir sobrado, con menos mantenimiento y menos inversión inicial.
Elige con la cabeza y mirando tu tierra, no el tamaño del motor. Y si todavía tienes dudas, coge el teléfono y llámanos. Nos cuentas cómo es tu finca y te decimos qué nos llevaríamos nosotros.
¿Me compensa pagar la diferencia por una diésel si solo voy al campo a temporadas?
Generalmente no. Si haces un uso esporádico o de fin de semana, la inversión extra de un motor diésel rara vez se amortiza. Una buena motoazada de gasolina te hará el trabajo perfectamente y te ahorrarás dinero en la compra y quebraderos de cabeza en el mantenimiento tras meses parada.
¿Es verdad que la gasolina se ahoga en tierra muy dura?
Se ahoga si el motor es malo o le falta cilindrada para el ancho de fresa que llevas. Un motor de gasolina profesional, apoyado en una buena caja de cambios (que es la que de verdad transmite la fuerza), puede romper tierra dura sin problema, aunque tendrás que hacer un poco más de fuerza tú para mantenerla clavada al pesar menos que una diésel.
¿Las diésel pesan demasiado y cansan más?
Depende de lo que hagas. Si vas en línea recta rompiendo terreno duro, el peso es una ventaja porque la máquina “se sujeta” sola. Pero si tienes que estar haciendo giros cerrados constantemente, dando marcha atrás o esquivando obstáculos, sí, el peso extra del diésel te va a cansar más rápido que una de gasolina.